17 de noviembre de 2016

Fui a buscar el resultado...

Nos visitó un amigo. Entró con los ojos raros, como atrás de una cortina los ojos...
 Fui a buscar el resultado: positivo.
Y los ojos le brillaron más, eran tristeza y pánico quienes los velaban. Escucharlo fue conectar con aquella María adolescente sintiendo el mismo vértigo: positivo, positivo, como cuando en los dibujitos animados se van pasando la bomba con la mecha encendida antes de que estalle, que le toque al otro, y la bomba salta de mano en mano hasta que BOOM te tocó.
Te lo dicen y explotás, bronca miedo tristeza fuerza se arremolinan, se acomodan y se turnan todo el tiempo que tardes en aceptar que simplemente alguien vio algo en el microscopio y que vos seguís siendo igual pero no. Ahora sabés que te vas a morir, aunque ya lo sabías desde niño. Ahora sabés que te vas a morir y que adentro tuyo está la muerte, micronadando en tu sangre. Enterarte es entrar en un túnel muy oscuro, que cuando lo mirás desde afuera es pequeño pero desde adentro encierra la vida toda. 
Primero sacude los vínculos. La familia profundiza la unión para contenerte, o se abre y te deja sin apoyos, y entre esos dos todos los matices. Los amigos si de verdad son amigos tiran sogas, o construyen puentes bajo los que vivís hasta que el túnel pase. Porque podés sentir que no sos vos el que pasa, que te están pasando, quiénes, los fantasmas que vivían en vos y crecieron con el diagnóstico. Los vínculos, los que fueron los que son y los que vendrán ya nunca más serán lo que fueron ni lo que serían. Antes de cada polvo vas a sentir que tenés que rendir cuentas de tu historia clínica, si lo hacés más de una vez vas a quedar en bolas en una habitación desierta, si no, puede que te lo reproches como un acto de cobardía, o puede que pienses que no te importa nada pero aún así vas a sentir un nuevo filtro para relacionarte, un filtro que a veces es un muro, otras un forro de látex, otras una especie de rara adrenalina que vas a empezar a reconocer, explorar y domesticar hasta que sea un rayo de luz que brote de la afirmación de tu vida. 
Bienvenida la certeza de la muerte si sirve para poner en duda las certezas de vida, si viene a derrumbarte, a derretirte en tu propio infierno, bienvenido el cuestionamiento de absolutamente todo lo que fuiste y lo que sos, para empezar a amar tus aciertos y tus errores, amarte cuidarte y respetarte en salud y en enfermedad.
El diagnóstico vino a revolucionarte, a centrifugarte violentamente. para hacerte ver quién sos disecado, tu parte irreductible, para hacerte elegir los líquidos con los que querés hidratar tu ser.
Para fluir. Y ahí entendés que la vida es eso nuevo que acabás de conocer.
Y ahí es cuando descubrís que sos vos quien elige si ese virus vino a matarte o a hacerte inmortal.





El SIDA como enfermedad social

Y me topé cibernéticamente con Paco Maglio, médico argentino, infectólogo. Y empecé a leerlo y me gustó, y lo comparto. Sigo debiéndo un texto sobre cómo el sentido de creación de este espacio cambió de piel para seguir siendo el mismo.

http://www.meamomecuido.com/publico/files/maglio1.pdf

17 de abril de 2014

Para vivir, hay que encender el cerebro

Me está llevando más tiempo del que creí publicar una nueva entrada en el blog. No lo tengo olvidado, sucede que desde la última entrada la vida me anduvo llevando por desafíos nuevos y revoluciones que aún estoy procesando. No quiero apurar el proceso de escritura; como dijo uno de los más enormes "tengo tiempo para saber si lo que sueño concluye en algo". Comparto esta nota que expresa un punto de vista y una actitud sumamente lúcidos. Buena vida!

Hace seis años contraje una enfermedad misteriosa. Perdí quince kilos en tres meses. Tenía un dolor agudo en el estómago, me sentía agotada y, por mucho que comiera, no aumentaba ni un kilo.

Pasé de ser delgada a ser flaca y luego escuálida. El dolor se acentuó y se convirtió en un calor ardiente en el abdomen que me hacía doblarme en dos en público y en privado. Cumplir con mis deberes académicos y profesionales se me hizo cada vez más difícil. Era aterrador. No sabía si tenía una enfermedad que me iba a matar o me acompañaría toda mi vida o si era algo que podía curarse, si podía averiguar qué diablos era.

Para encontrar una respuesta, consulté a médicos de Londres, Nueva York, Minnesota y Chicago. Me dieron una amplia variedad de diagnósticos posibles. El cáncer, por suerte, fue rápidamente descartado. Pero seguían sobre la mesa muchas otras posibilidades, desde enfermedades autoinmunes y virus raros a problemas de columna y enfermedades neurológicas invalidantes.

Me sugerían una cirugía de cinco horas y alto riesgo a extirparme una parte del estómago, inyecciones en la zona lumbar para bloquear las vías nerviosas y tomar antidepresivos. Ante todas estas opiniones desconcertantes y contradictorias, tuve que decidir en qué especialista confiar, en quién creer y qué consejo seguir. Como economista especializada en economía mundial, comercio internacional y deuda, he pasado la mayor parte de mi carrera ayudando a otros a tomar grandes decisiones –primeros ministros, presidentes y presidentes de empresas– y por lo tanto soy muy consciente de los riesgos y peligros de tomar malas decisiones tanto en la esfera pública como en la privada. Pero hasta ese momento no había pensado demasiado en el proceso de la toma de decisiones. Por eso, en medio de las resonancias magnéticas, las tomografías y punciones lumbares, me zambullí en la bibliografía académica sobre toma de decisiones, no sólo en mi campo sino también en neurociencias, psicología, sociología, ciencias políticas e historia.

¿Qué aprendí? Los médicos se equivocan con notable frecuencia. Los estudios muestran que uno de cada cinco pacientes recibe un diagnóstico erróneo. Se calcula que en EE.UU. y Canadá hay 50.000 muertes en hospitales por año que podrían haberse evitado de haber identificado la verdadera causa de la enfermedad. Pero la gente odia contradecir a los especialistas. En un experimento que se realizó en 2009 en la Universidad Emory, se le pidió a un grupo que tomara una decisión luego de escuchar a especialistas (en este caso, un experto en finanzas). Por medio de una resonancia magnética funcional se medía su actividad cerebral mientras lo hacían. Los resultados fueron asombrosos: al estar ante el experto, era como si los sectores de toma de decisiones independientes del cerebro de muchas personas se apagaran. Estas se limitaban a ceder al especialista el poder de decidir.

Para controlar nuestro propio destino, tenemos que volver a “encender” el cerebro y llegar a la consulta médica después de hacer una buena cuota de investigación y en condiciones de usar la jerga adecuada. Si no podemos hacerlo nosotros mismos, debemos elegir a alguien de nuestro entorno social o familiar que pueda hacerlo por nosotros.

La angustia, el estrés y el miedo –sentimientos que son parte de las enfermedades graves– pueden distorsionar nuestras decisiones. El estrés nos hace propensos a tener visión de túnel y reduce las probabilidades de que asimilemos la información que necesitamos. La angustia nos hace sentir más aversión al riesgo de la que tendríamos normalmente y ser más conformistas.

Debemos saber qué sentimos. Reconocer nuestros sentimientos sirve de “termostato emocional” para recalibrar nuestra toma de decisiones. No es que no podamos estar angustiados, pero debemos reconocer ante nosotros mismos que lo estamos. También es fundamental hacer preguntas a fondo no sólo a especialistas sino también a nosotros mismos porque llegamos al proceso de toma de decisiones con defectos y errores nuestros. Todos somos parciales al seleccionar la información que asimilamos. En general, nos centramos en todo lo que concuerda con el resultado que queremos. Debemos ser conscientes de nuestro optimismo natural porque este también impide tomar buenas decisiones. La neuróloga Tali Sharto llevó a cabo un estudio en el cual pidió a los voluntarios que dijeran cuántas probabilidades veían de que ocurrieran diversos acontecimientos desagradables, como ser víctimas de un robo o sufrir mal de Parkinson. Después les dijo cuáles eran las probabilidades reales de que esas cosas ocurrieran. Lo que descubrió fue fascinante. Cuando los voluntarios recibían información que era mejor que la que esperaban –por ejemplo, que el riesgo de complicaciones en una cirugía era sólo del 10 por ciento cuando ellos pensaban que era del 30 por ciento–, aceptaban los nuevos porcentajes de riesgo presentados. Pero si la información era peor, solían ignorarla.

Esto podría explicar por qué los fumadores a menudo insisten en seguir fumando pese a la cantidad abrumadora de pruebas de que les hace mal. Si su creencia inconsciente es que no van a tener cáncer de pulmón, por cada advertencia antitabaco, su cerebro dará mucho más peso a la historia de la señora de 99 años que fuma cincuenta cigarrillos diarios pero todavía está sana.

Debemos reconocer nuestra tendencia a procesar de manera incorrecta las opiniones contrarias y obligarnos activamente a oír lo malo además de lo bueno. Me sentí muy bien cuando encontré información que me llevaba a creer que no necesitaba ningún tratamiento importante. Cuando hallamos datos que refuerzan nuestras esperanzas, al parecer tenemos una descarga de dopamina como la que se da cuando comemos chocolate, tenemos relaciones sexuales o nos enamoramos. Pero a menudo es la información que pone en duda nuestras opiniones o ilusiones la que nos da un mayor conocimiento de las cosas. Yo tuve la suerte de que mi novio me alertara sobre los momentos en que me dominaba la dopamina. El peligroso atractivo de la información que queremos oír es algo a lo que debemos estar más atentos, en el consultorio y fuera de él.

Mis problemas de salud tuvieron un final feliz. Finalmente me diagnosticaron un raro trastorno de los vasos linfáticos y decidí que la cirugía tenía sentido. No la intervención quirúrgica de cinco horas de la que habría tardado tres meses en recuperarme sino una laparoscopia mucho menos invasiva con una rápida recuperación. Elegí a un cirujano que no era exageradamente seguro de sí mismo. Había aprendido con mis investigaciones que los médicos que se creen dioses no siempre son buenos. Un estudio sobre radiólogos, por ejemplo, revela que los que obtienen malos resultados en los tests de diagnóstico son también los que más seguros están de su habilidad diagnóstica.

Mi cirugía salió bien. El dolor cedió, gradualmente recuperé los kilos. Ahora estoy curada.

Con el cerebro conectado y los ojos bien abiertos, no siempre podemos garantizar un resultado positivo a la hora de tomar una decisión médica, pero al menos podemos inclinar las probabilidades a nuestro favor.

Noreena Hertz. The New York Times.
http://www.revistaenie.clarin.com/ideas/vivir-encender-cerebro_0_1039096098.html

13 de marzo de 2013

El milagro de curarnos


En algún momento de nuestra vida, quizás no todos, pero sí la mayoría, sufrimos una enfermedad. El concepto que tenemos sobre ella no es un pensamiento más. Es una creencia, la de estar poseídos por una fuerza que no nos pertenece y que nos ataca. Si bien esta creencia es universal, no todos la vivimos de la misma forma. En occidente, ha sido reforzada por la presencia de un sistema médico que ha obtenido un gran poder que lo ha legalizado colectivamente.

Podemos decir que la enfermedad es un invento. Como la luz eléctrica. La luz siempre existió pero lo que hizo el hombre fue poder manejarla y eso le dio poder. El malestar orgánico o emocional siempre existió pero lo que hizo la medicina fue clasificarlo y eso le dio poder. La creencia sobre la enfermedad no solo es la de una fuerza que nos ataca sino que a partir de esa clasificación, es la de una fuerza que un grupo de personas (los científicos-médicos) puede dominar. O por lo menos ostenta un saber sobre ella y puede ejercer influencia sobre su evolución.

Esta influencia ha crecido desproporcionadamente en relación al saber. Actualmente las llamadas enfermedades son desmesuradamente influenciadas por la acción médica sin que haya un saber que sustente lógicamente esa influencia. Se actúa sobre ellas sabiendo muy poco sobre el origen de la enfermedad y mucho menos sobre el sentido de la misma.

Pensemos en un simple resfriado. Se atribuye a un virus pero no se lo combate a él sino al resfriado. Se lo trata de abortar. Se usan antihistamínicos para que las secreciones disminuyan y muchas veces antibióticos porque se habla de alergias bacterianas o complicaciones infecciosas imposibles de comprobar. Esta metodología que influencia el curso de la enfermedad se basa en la misma teoría que sostiene que el sol gira alrededor de la tierra; la observación superficial de un fenómeno sin preguntar nada sobre las características del objeto sobre el cual el fenómeno actúa. Si la física dependiera de los médicos, hoy seguiríamos creyendo que a la mañana el sol está en el este porque a la tarde giró alrededor nuestro.

Pensemos en un tumor. Un pedazo de carne que sobra. Los métodos médicos que influencian su destino se basan en la misma teoría de observación superficial y de ausencia de preguntas sobre las características del sujeto enfermo. El pedazo de carne está de más y hay que eliminarlo. Si no se puede con cirugía, se arrasa con drogas o radiaciones. Los físicos no manejan la medicina y los médicos terminan por creer que una resonancia magnética es una observación profunda. Se sigue observando el fenómeno y no la naturaleza ni el sentido del fenómeno.

Es así que ahora hay dos creencias: el malestar es una fuerza que viene de afuera y se puede influenciar sobre esa fuerza con un saber que se llama científico.

Volvamos al resfriado. Pensemos que quizás no es un virus el que lo produce (la fuerza externa) sino que es una de las formas que tiene el organismo de descargarse de una tensión que lleva demasiado tiempo acumulada. No hay fuerza externa. Los virus ya estaban y uno no se contagia de nadie sino que son ellos los que comandan esta forma de descargarse. Esto no significa que no haya virus extraños al organismo y éste intente rechazarlos porque no los reconoce. Los virus son cadenas de información y si traen una información extraña e irreconocible, el organismo se niega a aceptarla y se produce el rechazo de la misma. Pero esto no es lo que ocurre en un resfriado común. Allí hay problemas territoriales y las mucosas se inflaman para obstruir las narinas y no respirar el mismo aire que el enemigo. Los bronquios expulsan moco para escupir al invasor. Los músculos duelen para retirarse de la lucha. Y allí los virus son excelentes colaboradores para generar este estado inflamatorio que si bien es molesto, logra que el ser vivo se aísle y recupere su bienestar. La medicina en lugar de entender esto, ataca los síntomas para que el sujeto vuelva a la cadena de producción lo más pronto posible. Los médicos se comportan como aliados de un poder que exige productividad sin interesarse por la verdadera recuperación del cuerpo enfermo. El paradigma del agente externo como causa siempre presente de la enfermedad sirve a los mismos fines. Si hay un agente externo debe haber un poder que lo pueda combatir. Y ese poder es la científica medicina.

Quizás si esto hubiera quedado allí, tendríamos esperanzas de salir de esa trampa. Pero lamentablemente, la influencia de la acción médica sin un saber lógico que la sustente, generó tantos nuevos saberes vacíos, que estamos atrapados en una red que se retroalimenta de otras disciplinas y de otros saberes. La religión, la filosofía, la psicología, aportan nuevos saberes a esta interminable creencia de la enfermedad como fuerza externa y a la existencia de un grupo que tiene un saber sobre ella.

Escuchamos conceptos que parecen valiosos: -Debemos aceptar la enfermedad si vamos a luchar contra ella.- -La enfermedad es poderosa pero más poderosa es la salud-. -La salud es el silencio de los órganos-. -La enfermedad es un mal que debemos saber combatir-. ¿Quién podría negar el valor de esas frases? Sin embargo, no sirven de nada. Son saberes que se basan en una creencia vacía. Y no porque no se pueda defender esa creencia. Sino porque ya no sirve más.

En este contexto, nos han quitado la libertad de elegir. En la historia de la humanidad, siempre hubo bandos, romanos y griegos, árabes y españoles, buenos y malos, perversos y normales, nazis y judíos. El ser humano podía optar, aún cuando esa opción fuera equivocada. Ahora es imposible elegir ya que se trata de nosotros o los virus, enemigos invisibles que destruyen a todos, sin excepción. Las organizaciones mundiales encargadas de la salud avisan que futuras pandemias son inevitables y elaboran mapas con colores cada vez más intensos y tenebrosos. La humanidad toda enfrenta al enemigo invisible y no hay opción. Por primera vez, en cientos de años, se está tomando conciencia que no es la tierra la que está en peligro sino esta especie que se ha creído excepcional y que ahora viene a enterarse que su desaparición es posible. La génesis de Adán y Eva ya no calma los temores de una especie que ha inventado el concepto de enfermedad y ahora el concepto en sí mismo la está arrasando. La fuerza externa que nos viene a destruir supera ampliamente el saber autorizado del grupo de personas que la combate. El concepto se escapó de las manos y tiene vida propia. La gente ya no se muere de la enfermedad sino del miedo que el concepto inventado le genera. El miedo no da tiempo a que la enfermedad actúe y nos mate ya que crea por sí mismo una realidad mortal. Así lo relata el cuento sufí:

-Un sabio sentado en la cumbre de una montaña, ve pasar una sombra y pregunta: -¿Quién eres? La sombra le contesta -Soy la peste. -¿Adónde te diriges? -A matar mil personas de ese poblado. -Bueno, ve y mata. A los pocos días, el sabio se encuentra con un hombre y le pregunta ¿De donde vienes? -Huyo de aquel poblado que ha sido atacado por la peste y ha matado treinta mil personas. -Bueno, ve y huye. A las pocas horas, vuelve a pasar la sombra y el sabio lo detiene. Oye tú, me has engañado, dijiste que matarías mil personas y has matado treinta mil. ¿Por qué? La peste le responde -No es cierto, yo solo maté mil personas, el resto murió de miedo.

Como médico he presenciado muchas veces el fenómeno de una persona que en pleno estado de salud y por hallazgos casuales (pruebas de rutina o un médico demasiado inquisidor) ha sido diagnosticada de un tumor en hígado, pulmón o mama. A los pocos días de ese hallazgo, el estado de salud había empeorado dramáticamente. He visto a algunas personas morir en poco tiempo luego del diagnóstico. Eso es miedo, no es cáncer. Ese es el concepto que se le ha escapado de las manos al grupo de científicos que ostenta el supuesto saber de la enfermedad. Y ese concepto se ha desbordado y ha creado una realidad autónoma entre otras cosas, porque se ha colectivizado. Se ha vuelto un saber popular. ¿Quién no ha escuchado alguna de las siguientes frases? -El cáncer de páncreas, cuando te lo diagnostican ya es demasiado tarde; -la quimioterapia te mata las células malas pero también las buenas; -yo sé que me voy a morir, lo que no quiero es sufrir; -nunca conocí a nadie que se salvara; -la enfermedad avanza; -hay que hacer algo- y tantas otras. El saber colectivo sobre la enfermedad no se diferencia mucho del saber de los médicos, muchos de los cuales jamás se harían (y lo dicen públicamente) el tratamiento que le indican a los pacientes.

Actualmente se escuchan muchas voces que cuestionan este concepto de la enfermedad pero la mayor parte de las veces son ignoradas, reprimidas o tergiversadas.

Es en este contexto que debemos dejar de pensar en nuevos instrumentos contra la enfermedad para comenzar a pensar en un nuevo concepto de la enfermedad. Se gastan miles de millones de dólares en investigar y producir drogas cada vez más nocivas para la salud de la humanidad y no cesan de aparecer variantes de la misma enfermedad que no responden a esas drogas o las llamadas nuevas enfermedades sobre las que ni siquiera se tiene alguna droga con la que experimentar.

La ciencia se nota perdida y actúa sin lógica. Solo intenta sacarse de encima un problema inmediato sin pensar en las implicancias futuras de su proceder. No interactúa con el resto de la sociedad que mira azorada la injusticia del poder del que participa. El gobierno que invierte doscientos mil millones de dólares anuales en productos farmacéuticos es el mismo que gasta tres millones de dólares por minuto en armas, mientras deja morir quince niños de hambre en esa misma cantidad de tiempo. La ciencia médica usa el mismo presupuesto manchado de sangre e injusticia. Y en esa confusión trata a los virus con la misma filosofía del gobierno que la sustenta: usa armas mortales.

Es justamente ese nuevo concepto de la enfermedad, el que nos va a permitir salir del atolladero en el que el viejo concepto nos ha metido. Si luchamos contra la enfermedad, luchamos contra el mensaje que pretende curarnos. Cuando una mujer se nota un bulto en la mama, debe parar toda actividad y preguntarse qué le viene a decir ese bulto. Y si no lo sabe, debe recurrir a alguien que la ayude a interpretar ese mensaje. No debe salir corriendo en busca de ese personaje que detenta un saber sobre la enfermedad porque eso la cristaliza en el viejo concepto. Y a partir de allí, solo puede esperar que se instale una guerra en su cuerpo. Y el bulto no vino a declarar la guerra sino a evitarla. Y no es que no debe hacer nada o curarse psicológicamente. Debe instalar la paz en su vida porque el bulto así se lo está exigiendo. Y eso no es poco pero es mucho más de lo que la medicina pretende con su viejo concepto de instalar una guerra entre el cuerpo de esa mujer y el cuerpo de esa mujer.

Los poseedores del saber sobre la enfermedad se escandalizarán ante semejante propuesta. -¡No hay tiempo que perder!; ¡Si no actuamos ahora, su vida corre peligro!- Y comenzarán a citar estadísticas no solo fraudulentas sino aterradoras. Algunos optarán por hablar de los adelantos de la ciencia y nos citarán con absoluta seriedad, los anticuerpos monoclonales, los hibridomas y la fusión entre los linfocitos B y los tumores. Suenan orgullosos de saber tanto. Y es un saber vacío porque es eficaz contra el único mensaje que pretende curarnos. Pero además es un saber corrupto, montado en la sangre de millones de seres humanos, que en lugar de salvar sus vidas, la pierden definitivamente.

No es una lucha entre los que saben y los que no sabemos. Es una lucha entre dos conceptos; el de una humanidad que se destruye a sí misma y el de una humanidad que pretende sobrevivir.

La mujer del bulto en la mama deberá elegir y optar por quimioterapia, radioterapia y cirugía y así seguir avivando el viejo concepto que nos está destruyendo o podrá hacer un verdadero cambio en su vida y dejar de sufrir por su hija que la ignora o por su esposo al que no ama. En ese cambio, habrá entendido el mensaje de ese bulto que viene a decirle: ¡No pongas más el pecho!; ¡Deja de ser madre y acepta ser mujer!; ¡Libérate de ese hombre al que no amas!

¿Pero quien me da las garantías de que el bulto no crecerá o que sus células se irán a mi cerebro o a mis huesos?, dirá la mujer envuelta en las informaciones científicas pero a la vez en la realidad de conocer a tanta gente que sigue ese camino. Nadie, se le responde. Absolutamente nadie. Desde el viejo concepto (la enfermedad como fuerza que nos destruye), se le citarán estadísticas sobre lo que le podría pasar si no hace lo que el grupo que sabe le dice que haga. Desde el nuevo concepto (la enfermedad como mensaje para sobrevivir), se le pedirá confianza en que si hace los cambios que debe hacer, se curará. No parece ser muy interesante la opción.

Es así que la mayor parte de la gente opta por intentar hacer las dos cosas o parte de ellas o casi ninguna de ellas. O lo que sucede con frecuencia, opta por el viejo concepto y cuando ya no obtiene respuesta de él, se vuelca al nuevo concepto. ¡Cuánto miedo!

Filosóficamente, cualquiera de estas opciones viola uno de los principios en los que se funda la realidad, el de la no contradicción: -Una cosa no puede ser y no ser a la vez-. Llamativamente, buena parte de los médicos del viejo concepto están apoyando estas opciones como si con ello colaboraran con la salud del paciente.

Sin embargo, esa es la realidad. El psicoterapeuta Mario Litmanovich dice claramente -¡Necesitamos médicos sin miedo!; esa es la única manera de salir del atolladero-. Creo también que necesitamos pacientes sin miedo.

Es desde este lugar que proponemos el milagro de la curación. Milagro viene del latín y su origen es asombrarse. Curación proviene de cuidado. De eso se trata. El asombro de cuidarnos. De protegernos, de no quedarnos solos y sentir miedo. Allí aparece el asombro. Todos estamos entrelazados y somos la humanidad. No somos el paciente enfermo. Somos la humanidad enferma. Y entonces aparece el cuidado. La necesidad de tratarnos comos almas, no como cáscaras.

El médico alemán Hamer repetía en sus seminarios una presentación que siempre culminaba con una frase: -Necesitamos médicos de manos calientes que hagan de la medicina un acto sagrado-. Allí estaba el centro de su propuesta. Sagrado siempre es citado como originado en sacrificar pero el sacre es un ave de rapiña. Y así se llamaba al halcón en épocas antiguas. Un ave sagrada cuyas unas retorcidas le permiten sobrevivir hasta que madura y se vuelven inútiles. Allí debe tomar la decisión de arrancárselas con el pico si pretende sobrevivir. Si lo hace, vive una nueva vida, una nueva oportunidad de ser joven y sagrado.

El milagro de curarnos es eso. Volver a nacer fuera de nuestros roles y percibirnos como almas que se relacionan con almas. Dejar de ser hijos, esposos, madres, padres, médicos, abogados, exitosos, fracasados o perversos. Y renacer como almas con cuerpos que son usados, no descuidados.

Para ello, estamos acá. No para descubrir vacunas sino para tomar conciencia.

De lo que somos y hacia donde vamos.

Dr. Fernando Callejón. Extraído de: http://www.medicinapsicobiologica.com/

27 de mayo de 2012

SIDA y ciencia dogmática: los límites de la rebeldía


“Quien no está contra ellos, está con ellos”. Carlo Frabetti. Rebelión.

“La globalización implica no sólo el objetivo de un gran mercado universal marcado por las pautas del neoliberalismo más salvaje, sino un control total de las conductas, impidiendo la simple posibilidad de insinuar, diseñar o practicar la disidencia”. Manuel Vázquez Montalbán. Prólogo Informe Lugano.

“La economía dicta las líneas de escritura a un periodismo que por un lado ha renegado de su vocación informativa y por otro, se encuentra cercado por la perversa lógica del capitalismo (...) La vigilancia tiene que ser constante y la tarea es ya interminable. Una nueva especie de vigilantes se constituye y se conjura como garantes de la verdad, pues sólo una comunidad de gentes dispuestas a aceptar el desafío de hacer frente a la desinformación y manipulación, constantes y generalizadas, de esos medios secuestrados por la economía; podemos rescatar la dignidad y el honor que pertenece a los profesionales de la información y volver a situar la profesión periodística en el lugar que corresponde: el de la pasión y lucha porque se sepa siempre la verdad”Julián Rovira. Presentación de Mentiras y Medios. Rebelión.  



    En 1981 el Servicio de Inteligencia de Epidemias (EIS) integrado en los Centros para el Control de las Enfermedades norteamericanos, apoyados por una compleja estructura de poder que incluye instituciones estatales (Institutos Nacionales de Salud) y grandes compañías farmacéuticas transnacionales, pusieron en marcha un ambicioso y multiforme mecanismo de control: la pandemia VIH-SIDA.
    Esta herramienta colosal responde a las necesidades de un modelo de sociedad que abandona las toscas medidas disciplinarias que estudió minuciosamente Foucault y comienza a desplegar un nuevo y sobrecogedor arsenal correspondiente a los modos de dominación virtual propios de las Sociedades de Control en el sentido en que las define Deleuze o Jesús Ibáñez, que advertía: “pensar es efectivamente peligroso para el Orden”.
    Pensar es desobedecer. Ayudar a pensar es fomentar la desobediencia y la rebeldía. Y en las presentes circunstancias, la desobediencia no es un derechos, como decía Thoreau, es un mecanismo de supervivencia.
    Sin embargo, el engranaje SIDA marca los límites de la rebeldía: resulta terriblemente desazonador ver como los antisistema, los antiglobalizadores, los anticapitalistas, disidentes en los campos más peregrinos, se dejan atrapar con pasmosa fácilidad por la Religión de la Ciencia, la Fe en el Progreso, los 10 Mandamientos de la Técnología y el Catecismo de los circuitos informáticos, a pesar de que todos sabemos (¿todos?) que al otro lado está el Gran Capital.
(…)
    
    Dentro del complejo movimiento critico pueden distinguirse dos grupos: la disidencia iniciada por Peter Duesberg que critica los antivirales y apunta otras causas de inmunodeficiencia sin cuestionar muchos otros aspectos de la hipótesis oficial; y la investigación críticas que inició la Dra. Eleni Papadopulos en 1988 y a la que han ido incorporándose Virólogos, Epidemiólogos, Biólogos Moleculares, Médicos de diferentes especialidades y por supuesto afectados, abogados, periodistas y activistas de  numerosas organizaciones independientes en varios países. Los trabajos de Papadopulos, Lanka, Hässig y muy especialmente Kremer, no sólo rebaten la hipótesis del VIH y aportan una explicación científica rigurosa a los fenómenos relacionados con el SIDA, sino que hacen completamente inútiles las teorías de Duesberg y seguidores al situar el SIDA en un cuadro mucho más amplio analizando 30 años de investigación biológica y clínica.

Los planteamientos críticos
    Pasemos a exponer ordenadamente los argumentos críticos para que a partir de aquí el debate, necesario, urgente, teóricamente obligatorio en ciencia, pueda centrarse en ellos y no en las obsesiones neuróticas de alguno sobre extraterrestres, hechiceros y contraespionaje.

1. El VIH no ha sido aislado.

Los requisitos científicos no se han cumplido:
CRITERIOS ESTANDARIZADOS EN VIROLOGÍA
· Cuatro fotografías: del virus en células, del virus totalmente solo, de sus proteínas y de su genoma.
· Caracterizar las proteínas y secuenciar el genoma.
· Realizar experimentos de control.
· Describir estos trabajos y publicarlos para su revisión.
(...)

CRITERIOS ESTANDARIZADOS EN RETROVIRLOGÍA
· Purificación de los cultivos en gradientes de densidad (1.16 gm/ml.).
· Microfotografías de partículas con características morfológicas y dimensiones de retrovirus (100-120 nm.).
· Análisis del ARN y de las proteínas.
(...)

¿Qué es entonces lo que se ha presentado como un nuevo virus?
· Detección de actividad bioquímica de una enzima –la Retrotranscriptasa- atribuida a los retrovirus sin pruebas (en realidad corresponde a procesos que tienen lugar habitualmente en las células).
· Detección de “Microvesículas” de transporte (también habituales en las células humanas).

El propio presunto descubridor del VIH reconoce publicamente que no lo aisló:
Montagnier concedió recientemente una entrevista al periodista Djamel Tahí en el Instituto Pasteur (publicada por Continuum, vol 5, núm 2, invierno, 1997/98 pp 30-34).
En un momento de la entrevista dice:
“El análisis de las proteínas del virus requiere producción masiva y purificación”.
Y más adelante, describiendo sus trabajos de 1983 con el VIH, dice:
“Repito, no purificamos”.
Sobre los trabajos de Gallo dijo:
“No sé si realmente purificó. No lo creo”.
Cuando el periodista le pregunta por qué no había publicado micrófotografías electrónicas del VIH, dijo que “incluso después de un esfuerzo de romanos “  no habían podido ver partículas con “morfología de retrovirus”.

El reconocimiento público más contundente de que el VIH no se ha aislado se encuentra en las instrucciones que acompañan al test ELISA de los Laboratorios Abbot:


Traducción: 

ABBOTT AXSYM SYSTEM
[extraído del folleto que los Laboratorios Abbott incluyen en sus tests de anticuerpos de VIH]
SENSIBILIDAD Y ESPECIFICIDAD
Actualmente no hay patrón reconocido para establecer la presencia o ausencia de anticuerpos del VIH-1 y VIH-2 en sangre humana.



Respecto a la pretensión de Duesberg recogida por Garrido según la cual CLONACIÓN es sinónimo de AISLAMIENTO, creo que lo más clarificador es poner un ejemplo: clonar es algo así como fotocopiar. Pero para poder hacer una fotocopia necesito el original. Si presento sólo la fotocopia puede tratarse de un fraude. Por eso en convocatorias oficiales exigen fotocopias compulsadas y para compulsarlas hace falta ver el original. Volviendo a los virus: para afirmar que uno ha clonado un virus primero tiene que probar que existe tal virus y para ello tiene que AISLARLO según las reglas recogidas más arriba.
El problema es que por el momento nadie ha logrado “compulsar” la clonación del VIH presentando el original. (...)

2. Los tests de infección por VIH no han sido validados.

Los Laboratorios Abbot no son los únicos en reconocerlo:
· Folleto de instrucciones del Test de Anticuerpos VIH (Western blot) de los Laboratorios BIORAD: “El test de la existencia de anticuerpos contra el virus asociado al SIDA no es un diagnóstico de enfermedades del SIDA o parecidas al SIDA. El resultado negativo del test no excluye la posibilidad de contacto o infección (...) el resultado positivo del test no prueba que alguien esté en un estado de enfermedad de SIDA o de pre-SIDA ni que tenga que adquirirla”.
· Declaraciones de Roche Diagnostics, fabricantes del test de “medición de carga viral del VIH”: “El test Monitor de VIH Amplicor no debe ser utilizado como un test diagnóstico para confirmar la presencia de infección por VIH”.

Además hay que tener en cuenta que:
· Los criterios para el resultado varían de un país a otro o de un laboratorio a otro.
· El Western blot es presentado como el más fiable en la mayoría de los países, sin embargo en Inglaterra y País de Gales está prohibido desde el 92 por considerarlo poco fiable.
· No son específicos (cualitativos), es decir, no detectan si se tiene o no un determinado tipo de anticuerpos; son inespecíficos (cuantitativos), es decir, detectan una mayor o menor cantidad de un tipo de anticuerpos que todos tenemos (autoanticuerpos).
· Todas las personas darían positivo a los tests si no se realizase una operación que no se hace en ningún otro tests de anticuerpos: diluir el suero testado en 400 partes de disolvente (en el test ELISA) o en 50 partes (en el test Western Blot).
· En 1996 ya habían sido documentadas 67 enfermedades y condiciones que pueden producir falsos positivos, entre ellas: hemofilia, hepatitis, malaria, problemas renales, gripe, embarazos, vacunas, transfusiones, trasplantes, altos niveles de grasa o sexo anal receptivo.
     Por último, la prueba definitiva de que los tests no se han validado es que tras el debate suscitado por el Presidente de Sudáfrica Thabo Mbeki, la responsable de los CDC norteamericanos presente en el Panel Asesor presidencial se comprometió a realizar próximamente experimentos que permitan validar los tests... y ello cuando se ha diagnosticado a millones de personas en todo el mundo.
  
3. La relación entre el VIH y el SIDA no ha sido probada.

Los propios “descubridores” reconocen que no establecieron la relación del VIH con el SIDA:
· Science, 1984 Gallo y equipo obtienen resultados negativos con hibridación Southern Blot en linfocitos frescos, ganglios linfáticos, médula ósea de Sarcoma de kaposi y bazo de pacientes de SIDA; conluye: “así que el agrandamiento de ganglios encontrado comúnmente en pacientes de SIDA y ARC no puede ser debido a la proliferación de HTLV-III (VIH)”
· Nature, 1984 Montagnier y equipo: “no es correcto no obstante que el SIDA sea el resultado de una progresiva destrucción de células T4 por el virus”.
· Science, 1984  Gallo y equipo: “Estos resultados y otros recogidos en este mismo número sugieren que el HTLV-III puede ser la principal causa del SIDA”.
· Science, 1983 Montagnier y equipo: “El papel de este virus en la etiología del SIDA deberá ser determinado”.

    El Equipo de la Dra. Papadopulos analizó en detalle la hipótesis que intenta relacionar el VIH con la destrucción de T4 y con el SIDA (PAPADOPULOS‑ELEOPULOS, 1995 –ver al final Referencias científicas).
    El artículo comienza estableciendo los requerimientos mínimos para poder sostener una relación de causa efecto entre el VIH, la caída de T4 y el SIDA:
1. El VIH debe ser necesario y suficiente para provocar el descenso de T4.
2. El descenso de T4 debe ser necesario y suficiente para provocar el Síndrome.
3. Todos los pacientes de SIDA deben estar infectados con el VIH.

Sin embargo nada de esto se cumple:
1. Respecto a la primera condición
· la caída de T4 se produce antes de la expresión del VIH;
· no existe acuerdo sobre el mecanismo por el cual mata el VIH;
· según Montagnier, en células con infección crónica no se detectó apoptosis y sí en células no infectadas pero estimuladas;
· los cultivos de SIDA y los pacientes de SIDA están expuestos a mitógenos (activadores) que son agentes oxidantes.
Conclusión: El VIH no es ni necesario ni suficiente para provocar el descenso de T4.
2. Respecto a la segunda condición la evidencia muestra
· que los T4 se “transforman” en T8 mientras la suma permanece constante;
· que el descenso de T4 no es suficiente para padecer las enfermedades del SIDA;
· que el descenso de T4 no precede al Síndrome clínico;
· que no todos los individuos con enfermedades del SIDA tienen una caída de los T4.
Conclusión: El descenso de T4 no es ni necesario ni suficiente para desarrollar el SIDA.

3. Respecto a la tercera condición:
· los tests de anticuerpos, la PCR y el aislamiento viral no son específicos ni reproducibles;
· por aislamiento se ha entendido: detección de RT, proteínas que coinciden con otras celulares ubicuas y partículas semejantes-a-virus; esto, aunque fuese específico de un virus determinado, sería detección, pero no aislamiento;
· el genoma humano normal contiene secuencias retrovirales endógenas;
· el cultivo de células normales conduce a producción de retrovirus;
· la relación VIH-SIDA está basada en la relación epidemiológica entre los tests de anticuerpos y el Síndrome clínico, pero al aplicar el Western Blot (WB) con los criterios más estrictos solo el 50% de los pacientes de SIDA da positivo (con los criterios menos estrictos, el 80%); por tanto, si el WB es 100% sensible y específico como se afirma, entre el 20% y el 50% de los pacientes de SIDA no está infectado por el VIH.
Conclusión: No es posible afirmar que todos los pacientes de SIDA están infectados por el VIH.
    O lo que es lo mismo: toda la presentación oficial del “SIDA” carece de la más elemental base científica o lógica. No sólo no hay relación “VIH-T4-SIDA” sino que estos tres conceptos son precisamente eso: conceptos vacíos. Ni se ha probado que exista el “VIH”, ni la subdivisión de Linfocitos en “CD4”, “CD8” y otros tiene entidad biológica, ni el “SIDA” tiene entidad patológica propia.

    Un detalle importante a la hora de valorar la relación VIH-SIDA: Al practicar el Western Blot a enfermos de SIDA se obtienen entre un 50% y 80% de tests positivos. Si es cierto que el Western Blot es 100% específico esto quiere decir que entre el 20% y el 50% de los enfermos de SIDA no está infectado por el VIH.
  
4. Los tratamientos empleados en el marco del SIDA son tóxicos.

Las características básicas de la aplicación de antivirales hospitalarios son:
1) Desde el mismo año 1987 en que se empieza a aplicar AZT: reducción de dosis.
2) Desde 1998: interrupción del tratamiento con cócteles (“treatment holidays”).
3) Desde febrero del 2001: retrasar la administración de los cócteles.
4) Desde junio del 2001: la FDA pide bajar el tono de la publicidad triunfalista utilizado por los laboratorios farmacéuticos.

Los “cócteles” se componen de:
1) “Inhibidores de Transcriptasa Inversa”: AZT-Retrovir, ddI-Videx, ddC-Hivid...
ADN-Chain Terminators: Exterminadores de Cadenas de ADN. Sus efectos principales son:
· Dañan las Mitocondrias celulares que producen el 95% de la energía que necesita el organismo produciendo entre otros efectos: miopatías musculares, problemas cardiovasculares, demencias, encefalopatías, fallos hepáticos y daños genéticos en fetos.
· Frenan la síntesis de ADN produciendo anemia.
· Oxidan los grupos sulfidrilos produciendo entre otros: adelgazamiento extremo, atrofia muscular, anemia, cáncer, inmunodeficiencia y daños en hígado y riñón.

2) “Inhibidores de Proteasa”: Indinavir-Crixivan, Squinavir-Invirase...
· Bloquean la acción de las enzimas primero las proteasas-aspartato (pepsina y catepsina); después todas las demás alterando las reacciones bioquímicas y finalmente toda la actividad vital.
· Son compuestos indestructibles que  no pueden ser eliminados del cuerpo Se acumulan produciendo:
· Anemias hemolíticas (destrucción de hematíes), diarrea, alteraciones en el equilibrio proteasas-antiproteasas naturales, cólicos renales, vértigo, inflamación de la vejiga, no asimilación de alimentos, cirrosis hepáticas, neumonía, rigidez en tejidos del sistema circulatorio y linfático...

    Glaxo-Wellcome, señala sobre el AZT: “puede ser asociado con severa toxicidad hematológica incluyendo Granulocitopenia [destrucción de células inmunitarias] y anemia severa, su uso prolongado también ha sido asociado con miopatía similar a la que produce el VIH”. Documentación científica disponible muestra que el AZT y otros productos similares impiden la división de las células, producen rupturas de cromosomas y malformaciones fetales y dañan las mitocondrias celulares dando lugar a graves trastornos neurológicos.

    Los hechos clínicos documentados confirman que los pacientes que no han tomado los antivirales gozan de mejor salud. 
(...)
Transmisión madre - hijo:
Un estudio realizado en Italia y publicado el año pasado concluye que “la comparación de niños infectados por el VIH-1 cuyas madres habían sido tratadas con AZT con niños cuyas madres no habían sido tratadas mostraban que el primer grupo tenía una mas alta probabilidad de desarrollar enfermedades severas (57% contra 37%).
Además el AZT ya ha generado monstruos humanos:
·        KUMAR y otros, Journal of AIDS, 1994, 7: 1035-1039: “Ciento cuatro embarazadas fueron tratadas con AZT en un hospital de la India. Hubo un número llamativo de abortos terapéuticos y de abortos espontáneos y entre los nacidos vivos, un diez por ciento de anormalidades que incluyen agujeros en el pecho, prolongaciones en la base de la columna vertebral, orejas colocadas fuera de lugar, caras deformes, defectos en el corazón, dedos extra y albinismo”.


Respecto a las consecuencias sobre niños y bebés, para muestra, un botón:
Dos bebés mueren en un experimento con tratamientos del SIDA

New York Times 3 de febrero

“Ambos bebés murieron de una extraña enfermedad neurológica, según informaron científicos franceses (...) los medicamentos utilizados fueron AZT o Zidovudina y 3TC o Lamivudina, fabricados por Glaxo-Wellcome”.
“En el estudio, madres infectadas comenzaron a tomar AZT aproximadamente en la semana 24 de embarazo y lo recibieron por vía intravenosa durante el parto. Los bebés tomaron AZT durante 6 semanas. Las mismas madres también tomaron 3TC comenzando en las últimas 8 semanas de embarazo y los bebés lo tomaron las primeras 5 semanas de vida”.
“Los bebés comenzaron a enfermar aproximadamente a los 4 meses de edad y murieron varios meses después de disfunción mitocondrial”.
“Un bebé desarrolló ataques epilécticos que no pudieron ser controlados con medicamentos y el otro tuvo problemas neurológicos. El primero murió a principios de 1998. El segundo bebé no tuvo ataques pero sí otros síntomas de enfermedad cerebral así como problemas de pulmones y corazón”.
“El segundo bebé murió hace pocas semanas alertando al equipo de una posible relación entre la enfermedad y los medicamentos”.


5. Se está produciendo una violación sistemática de Derechos Humanos por parte de los responsables públicos científicos-médicos-políticos en el marco del SIDA
    
    El acceso a la información sin restricciones que posibilita decisiones libres constituye uno  de los pilares básicos de toda democracia. Este hecho tiene especial importancia cuando se refiere a asuntos en los que está en juego la salud o la vida. Sin embargo, en el caso del SIDA, ni este ni otros derechos fundamentales se están respetando por parte de los responsables políticos, médicos y científicos.
    El Consentimiento Informado significa que el paciente toma una decisión sobre su salud (o la de su hijo) disponiendo de TODA la información previa relevante y en términos que pueda comprender. Este no parece ser el caso del SIDA. De todo lo dicho más arriba (y de los testimonios que he recogido personalmente en mis numerosos contactos con afectados) se desprende que los responsables médicos, científicos y políticos están ocultando a los afectados y familiares información relevante sobre:
· la validez de los tests de diagnóstico;
· la fundamentación científica de protocolos de seguimiento como mediciones de carga viral y recuentos de defensas;
· la efectividad terapéutica de los fármacos antirretrovirales y su toxicidad.

Un hecho que pone en evidencia esta violación de derechos fundamentales de los pacientes es la reciente dimisión de un alto responsable de la sanidad norteamericana. Las palabras contenidas en su carta de dimisión son suficientemente ilustrativas de lo que está ocurriendo en todo el mundo:
 Florida, 3 de junio de 1999
Mark Pierpoint, Coordinador del Programa de Prevención del VIH/SIDA hace pública su dimisión. En la carta dirigida a sus superiores dice:
 “Después de una cuidadosa evaluación, considero que no puedo continuar promoviendo la Educación sobre el VIH/SIDA ni la aplicación de los tests de VIH (...) Si lo hiciese, estaría violando mi propia conciencia puesto que estas instrucciones reconocen y promueven una única opinión científica respecto de la causa del SIDA.
(...) Desgraciadamente, sólo una parte de los datos científicos ha sido puesta al alcance del público (...) Esta ciencia dominante es promocionada e incluso manipulada por los gigantes farmacéuticos que tienen un motivo obvio de beneficio. (...) el Servicio de Salud Pública ha hecho todo lo posible para silenciar opiniones científicas contrarias y en consecuencia ha negado a la población su fundamental derecho a un consentimiento informado.
Por la presente retiro mi participación de lo que un día puede ser visto como la mayor violación del principio de consentimiento informado en la historia de la Salud Pública”.

Numerosos convenios relacionados con los Derechos Humanos y el SIDA están siendo violados por los propios países firmantes:

· Convención sobre la Prevención y castigo del crimen de Genocidio

· Declaración de París sobre las mujeres, los niños y el SIDA

· Declaración de derechos y humanidad sobre los principios fundamentales de los derechos humanos, la ética y la humanidad aplicables en el contexto del virus de inmunodeficiencia humana (VIH) y el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA)
· Declaración cumbre de París sobre el SIDA
     (...)

6. Se han formulado explicaciones alternativas
coherentes a los problemas de salud conocidos como “SIDA” que han dado ya resultados clínicos positivos y que podrían aplicarse a una enorme cantidad de problemas de salud fuera del marco estricto del SIDA.
    La teoría oficial del SIDA –aceptada pero no demostrada- afirma que el VIH destruye las defensas, pretendiendo que las defensas son unas células llamadas “Linfocitos T4”.
    En primer lugar, reducir la inmunidad a un tipo de células es una simplificación injustificable. La Inmunidad es un complejo conjunto de procesos en los que están implicados órganos, sistema nervioso, hormonas, células de diferentes tipos y en última instancia el organismo entero.
    En segundo lugar, la Inmunidad no consiste solamente en la defensa frente a invasiones del exterior como suele creerse. En realidad, esa es sólo una labor puntual. La tarea más importante de la Inmunidad es la eliminación y reciclaje de un billón de células que perdemos cada día. Esta inmensa labor de crucial importancia para nuestra salud la realizan precisamente los Linfocitos T.

    Ahora bien, ¿existe alguna evidencia científica o clínica de que los Linfocitos T estén siendo destruidos por un virus? Absolutamente ninguna. Para empezar ningún investigador ha conseguido explicar cómo se produce esta destrucción; tan sólo se han publicado suposiciones y reconstrucciones realizadas con ordenador. Pero las contradicciones no terminan aquí.
    Los Linfocitos T se han clasificado en diferentes tipos según las diferentes funciones que realizan. Numerosos equipos observaron en los 80 y se confirmó en el 93 que la caída de T4 va acompañada de una subida de T8 mientras el total permanece constante. La cosa está bien clara: las células son las mismas, lo que cambia es la función que cumplen, pero en ningún caso han sido destruidas.
    A mediados de los 80 tanto Gallo como Montagnier reconocían que el efecto destructivo del VIH sólo se observaba en células expuestas a agentes oxidantes. En 1991, Montagnier confirmó en un trabajo publicado en Virology que la caída de T4 en los pacientes se producía ANTES que se registrara actividad del VIH; que células con infección crónica no morían y en cambio sí lo hacían células NO infectadas pero estimuladas con agentes oxidantes. Hay que tener bien presente que los individuos pertenecientes a “grupos de riesgo del SIDA” están expuestos a diversos agentes oxidantes: antibióticos, nitritos, semen por vía anal, hemoderivados, corticosteroides...
    Finalmente, un detalle importante: sólo entre un dos y un cuatro por ciento de los Linfocitos T circulan en la sangre lo cual quiere decir que las mediciones no tienen significado clínico; pero además este pequeño porcentaje se repliega a los órganos y médula ósea en situaciones de stress. Esto explica que haya numerosos seropositivos en perfecto estado de salud y con recuentos cero de T4.
           
¿Por qué es tan importante la oxidación?
    Para comprenderlo, veamos como actúa el stress oxidativo. Hemos dicho que la Inmunidad tiene dos brazos: los Linfocitos T, encargados del reciclaje constante, y los Linfocitos B, que actúan puntualmente contra el exterior. Pues bien, agresiones psicológicas, traumáticas, infecciosas, nutricionales y tóxicas provocan un desequilibrio importante:

· por un lado estimula los Linfocitos B: esto hace subir el nivel de anticuerpos (con lo cual es fácil dar positivo a los test del SIDA) y activa las Proteasas y los Radicales Libres (dos mecanismos destructivos) provocando oxidación y un gasto energético extra, agotamiento de la reserva de antioxidantes y alteración de las paredes celulares con daños en el ADN;
· por otro lado desciende la actividad de los Linfocitos T, que se repliegan a la médula ósea y determinados órganos (lo cual hace que los recuentos de T4 indiquen bajada y se interprete por error que han sido eliminados por el VIH); pero lo más importante es que dejan de cumplir su labor de reciclaje con consecuencias muy graves: se acumulan restos de ADN y ARN celular (que al ser medidos con la técnica PCR se interpretan como “carga viral alta”); finalmente, el aumento de células muertas provoca una proliferación de gérmenes que viven habitualmente en equilibrio en nuestro organismo: hongos recicladores como el Pneumocistis Carinii (es lo que se interpreta equivocadamente como “enfermedades oportunistas”).

    Si no se restablece el equilibrio, este mecanismo autoinmune puede llegar a matar a la persona. La tragedia es que, tanto el terror provocado paradójicamente por la Campaña Mundial “contra” el SIDA, como los tratamientos (antibióticos y antivirales) agudizan la intoxicación física y mental provocando la muerte del paciente.

    Estos elementos son desarrollados por los recientes trabajos del Dr. Heinrich Kremer incorporando descubrimientos como el Óxido Nítrico y su papel de control de los sistemas celulares; las citoquinas y la subdivisión de las células inmunitarias en Th-1 y Th-2 –todo ello recogido en su libro “La silenciosa revolución del cáncer y el SIDA” publicado este año en Alemania por Raum & Zeit.
    Estos son los argumentos correctamente expuestos.

    Ahora sí podemos esperar una contestación de Garrido, de alguno de los participantes en el debate de ACP o de cualquier otra persona que quiera sumarse a la discusión.

    No sólo es una grave irresponsabilidad negar que el SIDA se apoya en complejas estructuras de poder. Desde el punto de vista de quienes luchamos para transformar la sociedad (…) constituye una obligación desenmascarar esas estructuras y no vamos a dar un paso atrás, al otro lado del límite que marca el Montaje SIDA, el dogma virtual del VIH.
(…)

Jesús García Blanca. Almuñecar, 19 de julio de 2002.kefet@telepolis.com
"SIDA y ciencia dogmática: los límites de la rebeldía (Respuesta a Javier Garrido y los escépticos)". El artículo completo de Jesús García Blanca se encuentra en  http://lahaine.org/blanca